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El Puerto Viejo

Cité épiscopale d’Albi

Utilizado para la navegación desde la Antigüedad, el río Tarn se hizo navegable entre Albi y Gaillac gracias a un sistema de esclusas realizado entre 1820 y 1830. Dos de esas esclusas subsisten, así como la casa del esclusero, cerca del Puente Viejo.

Un servicio de gabarras (barcas de fondo plano) permite hoy conocer antiguos molinos, muelles testigos de esa actividad fluvial (entre 1835 y 1865 transitaban anualmente hasta 50 000 toneladas de carbón de Carmaux), así como los emplazamientos donde se desarrollaron antaño actividades industriales que animaban esta ribera derecha, barrio denominado del “Bout-du-Pont” (de la Punta del Puente) en el siglo XIX: tintorerías, telares y fábricas de ladrillos y de sombreros...

Al pie del palacio de la Berbie y sobre los bordes del Tarn, abundan los moulin-bateaux (molinos-barcas): especies de barcos con ruedas de álabe rústicas. Se mantienen estáticos en las orillas, convirtiendo la energía de la corriente en rotación de su o sus ruedas, para accionar ya sea las muelas, si se trata de un molino de harina o de aceite, o un banco de corte, si se trata de un aserradero. La ventaja del moulin-bateau es que se puede desplazar para instalarlo en el mejor punto de la corriente.

Entre los siglos XIV y XVIII, el Puente Viejo presentaba sobre sus pilares casas, que fueron demolidas después de una terrible inundación en 1766.

Al pie de los pilares, pescadores con esparaveles lanzan sus redes de forma cónica desde la orilla o desde una barca. La red se despliega en redondo y debe encontrarse perfectamente abierta al caer en el agua.

Los pescadores recogen la red tirando de la cuerda, lo que cierra la red y engloba a los peces en la bolsa. La pesca con esparavel se practica casi siempre en aguas poco profundas.

Los pescadores de arena por su parte mantienen el lecho del río, que tiene tendencia a enarenarse; además de aportar los materiales de construcción para la ciudad que crece.

La sirga o arrastre de las gabarras se hace “à la bricole” y a estos marinos se les llama "marinos de agua dulce " o "galeotes libres", por lo duro y peligroso de su trabajo.

Se requerían quince días para "remontar" una gabarra desde Bordeaux hasta Albi.

Un verdadero comercio fluvial

Una parte del vino de Gaillac se distribuía por vías de agua, así como el cáñamo de Cannavière (cuerdas), la madera y los merrains (madera de roble cortada en planchas pequeñas con los cuales se construían paneles, duelas de toneles y otros elementos) para fabricar toneles, el glasto o pastel y el azafrán, que eran las riquezas de la comarca de Cocagne, el vidrio de Grésigne y las cerámicas de Montans.


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